EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Monday, November 29, 2004

Crónica sobre mi “casamiento” en el Congo

ASI ERA MBARÍ

En un foro sobre Etica Periodística realizado en la Universidad Ricardo Palma, se me ocurrió contar la anécdota de mi “casamiento” en el Congo Brazaville. Unos periodistas mexicanos que participaban en la reunión académica, luego de escuchar el cuento, tuvieron opiniones divergentes: uno de ellos opinó que yo había cometido una grave falta deontológica, mientras el otro me defendió a capa y espada, dijo que no, que de ninguna manera había ahí ninguna falla ética.

Como era de esperar, el numeroso público asistente intervino activamente en la discusión y sus opiniones también resultaron divididas: unos dijeron que nunca debí haber hecho eso, mientras otros si me justificaron.
Este hecho, que considero una anécdota más de las que le suceden a cualquier periodista del mundo, fue publicada por mí pocos días después del suceso – 12 de julio de 1987- en El Comercio-, aunque sin tantas señales como lo hago en el libro que tengo a punto de editar sobre mi vida profesional correspondientes a las tres últimas décadas del siglo pasado cuando, por lo menos, le vueltas al mundo.

El “casamiento”.
Digo que en junio de ese año de 1987, invitado por la ONU, viajé a Luanda, Angola, a participar en un Foro Mundial contra el Apartheid. Terminado el foro, me decidí viajar a Banguí, capital de la pobre República Centroafricana, donde en esos días se iba a juzgar al tirano Jean Bedel Bokassa: le perdonarían la vida o lo condenarían a muerte.
Avrigüé dónde quedaba la embajada de este país para solicitar la visa pero en la capital angoleña no había embajada de la RCA. Tenía que viajar primero a Congo Brazaville, y de allì proseguir a Banguí. Así lo hice.
Un sábado viajé a Brazaville y el domingo acudí a la embajada de la RCA donde me recibieron el pasaporte pero, dada mi condición de periodista, me dijeron que debía esperar el permiso especial de las autoridades del país.
Desde el domingo hasta el viernes no había noticias del permiso y eso llegó a desesperarme. Si no obtenía la visa ese viernes ya no podría asistir al juicio, habría perdido miserablemente el tiempo y lo que era peor, tendría que esperar una semana más porque solo había un vuelo cada ocho días.
Ahí fue cuando, esa mañana del posible desastre, la secretaria del Cónsul, al verme tan compungido me llamó para preguntarme qué me ocurría. La negrita que se llamaba Mbarí,se mostró muy afable conmigo. Le conté mi breve pero desesperante historia de reportero cuando en eso me preguntó de dónde era yo. Le dije que era del Perú, pero ella no sabía dónde quedaba el Perú. Le dije que en Sudamérica y ella siguió conversando, haciéndome preguntas sobre la distancia que nos separaba y si en mi país había oro y plata, etc., hasta que, finalmente, me preguntó si yo era soltero o casado.
El dios de los periodistas me iluminó como un relámpago. Yo intuí que por ese resquicio abierto milagrosamente por ella misma podría ingresar a obtener la visa. Le contesté que me había casado hacía años, pero que en la actualidad estaba divorciado, vivo solo, le dije.
Entonces, ella, me preguntó de golpe si me gustaría casarme con ella. Claro que sí, le dije y ella abriendo más sus ojos, tan oscuros como una noche africana, me inquirió muy interesada:
- ¿Te casarías conmigo?
- Claro que me casaría contigo, ¿por qué no?, le dije de inmediato.
- ¿Hoy mismo?- preguntó ella con mucha avidez.
Unos minutos más tarde estábamos yendo al mercado en su automóvil a comprar caviar, champán, etc., y luego, fuimos a su casa que quedaba en los alrededores de la pobre ciudad llevando las cosas que me costaron un ojo de la cara.
Su hermana, una negra más gorda que Mbarí, empezó a preparar el almuerzo de la boda. Al poco rato llegaron las autoridades de su embajada para participar en el ágape.
Hubo una ceremonia con sentencias pronunciadas en su dialecto étnico que yo no entendí nada. Seguimos almorzando y al terminar eran ya las 4 de la tarde. Nos quedamos solos. Entonces le sugerí que fuéramos a recoger el pasaporte. Fuimos. Entró a la embajada, sacó el documento y luego nos dirigimos a conversar, nos sentamos en una banca del parque frente al inmenso río Congo que se deslizaba como un amable brazo del Amazonas.
Yo tenía ya la visa en el bolsillo y ella, tenía una pregunta por hacer: Y, ahora ¿adónde nos vamos?. Yo le dije que “ ahora a ningún lugar, mañana, espérame aquí es este mismo lugar, tomaremos una lancha y cruzaremos el río para ir a Kinshasa, (capital del Zaire que quedaba ahí nomás al frente) donde pasaremos nuestra luna de miel”, le mentí piadosamente.
Porque no bien nos despedimos, regresé a mi hotel, tomé mi maletín y como alma que lleva el diablo, me fui volando al aeropuerto; eran las 6 de la tarde. A las 9, estaba volando a Banguí después de pasarme tres horas de angustia pensando en que en cualquier momento Mbarí podría llegar a buscarme.

“El tango del viudo”
En Banguí tuve otro percance de menor cuantía, pero de todos modos asistí al juicio del vilipendiado “Napoleón africano”, Bokassa, lo que me permitió escribir una crónica reproducida posiblemente en todos los países de habla castellana, pues fue difundida desde Madrid, por la Agencia de Noticias EFE.
Recuerdo que en EFE estuvieron muy contentos con mi primicia y mi peripecia, porque, creo, fui el único periodista de habla castellana que asistió al célebre juicio a un tirano a quien, dígase de paso, escuché contar hasta cómo se comió el brazo de uno de sus enemigos políticos. El no contó esa anécdota de caníbales sino su cocinero.
Yo le envié muchas tarjetas postales a Mbarí, una no bien llegué a Banguí, y luego otras desde las Islas Canarias, de Madrid, París y Lima, disculpándome y prometiéndole que de todos modos iba a enviarle los pasajes para que viajara a Lima, así como también los brazeletes de oro y los aretes de plata que le ofrecí. Nunca jamás obtuve ninguna respuesta.
De ahí viene el lìo que roza con la ética periodística, según los pulcros. Unos afirman que hice muy mal en mentirle a una mujer por muy negra que fuera, eso no se hace, eso es machismo y deslealtad, etc., alegan; otros afirman que no, que eso lo habría hecho cualquier periodista, porque lo importante era conseguir la visa sin la cual no habría podido llegar a Banguí y asistir al juicio a Bokassa, es decir, cumplir con una tarea periodística que, en ese momento, era de interés mundial.
Yo asistí a ese foro universitario con presión arterial alta, marcaba 20/10. Uno de los mexicanos dijo que así somos de locos los periodistas. Yo dije que sería ideal morir cumpliendo una tarea periodística como esa porque entonces a uno lo consideran un héroe y hasta le levantan un monumento. La gente se rió.
Y bien, yo estoy tranquilo con mi conciencia y no sé cuál será la opinión de quienes lean esta crónica; claro que el Consejo de Etica del Colegio de Periodistas del Perú ni el de la Prensa Peruana, se van a meter en esta pelea de negros, y no sé si me absolverían o no, acaso tomando en cuenta mi correcta intensión y el hecho de que, por lo general, nunca he tratado de hacer nada contra la ética periodística; la norma de mi vida ha sido siempre vivir y dormir tranquilo.
El doctor Luis Jaime Cisneros, presidente de la Academia Peruana de la Lengua, que ha leído este cuento, desde su posición de ilustre académico y humanista, considera que la negrita ya debe haberme perdonado, pero yo no, yo estoy absolutamente seguro de que Mbarí nunca me va a perdonar.
¿Y, usted?


6 Comments:

Blogger Juan Arellano said...

Este artículo ha seleccionado para la sección de posts recomendados de BlogsPerú. (Lo cual es un honor para nosotros por cierto.)

6:36 PM  
Blogger Angelo Carella Garbarino said...

Maestro, desde siempre segui sus cronicas en el dominical del Comercio, y viaje con usted por el mundo hoy tengo 50 años, y es para mi un inmenso placer poder leerlo nuevamente. un saludo desde bitacoradelima.blogspot.com

6:46 PM  
Blogger Cookie Munzter said...

JAJAJA, universalmente esta comprobado,que las mujeres, nunca perdonan, y punto aparte la ética.

Reconozco que he hecho cosas que podrían sonar canallas, de hecho lo que cuentas suena así, sin embargo, depende del ojo del observador.

5:04 AM  
Blogger Manuel Jesús Orbegozo said...

Para Argos: esa es la más sabia de las decisiones: depende del punto de vista.
Dicen que la Feria ha sido buena según como le ha ido al comerciante. Yo alego que no atenté contra nada ético y en todo caso, lo que más me habría engreido, como hombre, es haberme acostado con Mbaré. Pero las cosas sucedieron como las cuento y por lo tanto, no me queda sino ir a llorar frente al Muro de las Lamantaciones. Saludos. MJO

3:38 AM  
Blogger Manuel Jesús Orbegozo said...

Para Cyberjuanx, aunque tarde, mi agradecimiento por ese honor. MJO

Para Angelo, quién quisieras tener 50 años, decimos los que tenemos 80; los que tienen 50 dicen a veces, quien quisiera tener 20, y asi, sucesivamente. Total, el tiempo pasa "como un chasquear de dedos" según una hermosa metáfora de Mao. Sea como fuere, me alegro que el cyberespacio nos junte o, por lo menos, nos deje esas ilusiòn. Un abrazo. MJO

5:50 AM  
Anonymous Rosa said...

Entre a navegar en el internet. como es de costumbre. Y despues de haber asistido a una conferencia suya, decidi explorar su blog. Ya son dos horas que estoy sentada leyendolo, me intriga saber que paso con Mbari. Espero algun dia termine esta corta historia "de amor" de su desesperado casamiento. Creo que si le lleva una rosa seguro lo perdona. No digo que todas seamos asi, pero seria un lindo detalle, para empezar.

11:39 AM  

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