EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Saturday, October 06, 2007

!ADIOS AL "PARALELO 38"!

LAS COREAS SE REUNIFICAN


Una de las noticias más sensacionales que ha debido conmover al mundo en mucha mayor dimensión, es la reunión de las primeras autoridades de Corea del Norte y Corea del Sur, en Pyongyang, con la intención de alcanzar ya la paz entre ambos pedazos separados de la misma tierra.
Hace más de 50 años que la península Coreana quedó partida en dos y no porque los coreanos lo quisieran, sino porque lo quisieron los extranjeros, gentes que vivían a miles de kilómetros de distancia, que eran de otras razas, otras culturas y hasta otros Dioses.
En 1953, la península asiática quedó dividida en Corea del Norte y Corea del Sur a lo largo del Paralelo 38, con cuyo nombre se selló una infamia más de los hombres que tienen poder
Después de una guerra que regó de cadáveres la patria coreana, políticamente nacieron Corea del Norte comunista, y Corea del Sur demócrata, por estar subyugada al poder norteamericano.
Todos estos 50 años han sido de un odio feroz. Hace poco, luego de que se anunciara que Corea del Norte había desarrollado fuerza nuclear y otras
prepotencias militares, los líderes máximos Kim Yong.Il, del norte y Roh Moo-hyun de Sur se hareunieron en Pyongyang, capital de Corea del Norte, algo nunca jamás soñado, inaugurando un final apoteósico: la unión de las dos Coreas en una sola.



ODIO A MUERTE
He ido varias veces a las dos Coreas, pero quiero recordar mi primer viaje a Pyongyang, como asistente al Primer Congreso Internacional contra el Imperialismo. Lo hago para tasar la dura enemistad, el odio a muerte que existía entre Pyongyang y Seúl. Era Septiembre de 1969 y éstos son algunos de esos párrafos:

“Llegamos a Pammunjon. Descendemos de los ómnibus, caminamos por un breve parque de frondosos arbustos y flores de primavera. Dan orden de reunirnos de inmediato para ir a pie al famoso Paralelo 38, igual a lo que relata el periodista y escritor Alfred Burchet solo que la choza original donde por espacio de dos años se discutió el cese al fuego, no es la misma…
Era el 27 de julio de 1952 cuando el general Nark Clark firmö el armisticio. “Gané así –escribió más tarde el general- la poca envidiable distinción de ser el primer comandante en la historia de los Estados Unidos que firmaba un armisticio sin victoria. Nunca sospeché que caía bajo el encabezamiento de negocio inconcluso”.

Burchet comenta incidencias posteriores y tiene un gesto imprevisto: arroja la mitad de su cigarrillo como si condenara recuerdos, Entonces, a unos pasos de la Línea de Demarcación, grandes piedras materializaban el tajo que las Naciones Unidas le dieron a la península coreana. Burchet avanza a grandes trancos afirmándose en sus zapatillas de basket y, con su cineasta, planea cómo filmar este lugar histórico.
Nadie puede dejar de sentir repudio por los métodos que emplean los poderosos contra las débiles Los norteamericanos llegaron a los campos de batalla de Corea y perdieron, pero ganaron las batallas diplomáticas: partieron al país en dos, como una nuez.
De aquí para ariba, Corea del Norte; de aquí para abajo, Corea del Sur. Los surcoreanos, felices de que los partieron; los norcoreanos, no. Ahora mismo ven con odio está partición humillante. Formamos rápidamente grupos de ocho, de diez e improvisamos carteles, “!Yankees, go home!”, que gritamos a voz en cuello, Entramos al local donde se firmó el armisticio, un cuarto con una mesa al centro sobre la cual, los imbéciles han tendido un hilo. Esa es la división, ese hilo es la única seña material de la división de la patria coreana.

UN ESCUPITAJO´
Al salir del local, soldados norteamericanos, “marines” del ejército de paz de las Naciones Unidas. Desde la ventana nos atisban oficiales de raza blanca. Sobre la pista, caminan sin impavidez, pero su presencia nos resulta un desafío. Uno de ellos es negro.
Eldredge Cleaver, el ex Ministro de Informaciones de “Las Panteras Negras” norteamericanas da unos pasos hacia delante y dispara unos gruesos insultos al soldado. “!Son of a bitch”!, hijo de puta, fuera de aquí, vete a defender a tus hermanos, los están asesinando, “son of a bitch”, anda a matar a los blancos, que nos están asesinando”!
Entonces, un africano se interpone entre Cleaver y el soldado norteamericano. Cleaver da vuelta y escupe al norteamericano que evade el escupitajo
Desde la ventana, un oficial de las NU filma la escena. El grupo se da vuelta con unas pancartas en alto “!Yankees go home!, hijos de…!”
Recorremos otros compartimientos, grandes fotografias en las paredes revelando las atrocidades del fascismo norteamericano aconchabado con Sygman Ree, el traidor; Mathews Ridgway, Commander in Chief of the United Nation, y Mac Arthur, y las ciudades devastadas , huellas de las ofensivas de verano y otoño y de todos los héroes coreanos con gorras de dril en lugar de cascos, empujando a los invasores con los brazos hasta Seúl, no importa que en los campos quedaran regados los cadáveres como trigo.

Más fotos, el norteamericano Walter, y Pyongyang en escombros, todo arrasado y el rio corriendo ensangrentado hacia la muerte. Oh, soldados compungidos, sorprendidos en los cielos y traídos abajo, pobres hombres, se quedaron con los crespos hechos y no pudieron soltar sus bombas con las cuales intentaban empezar la guerra bacteriológica y química.
Aquí, los soldados norcoreanos y allá, los otros que nos ven pasear los carteles y sonríen con cierta indiferencia o cinismo. “¡Qué mierda les importa” exclama exaltado un periodista chileno.

A la mañana siguiente, subimos a una breve colina desde donde el cineasta de Burchet filma el horizonte. El humo de las chimeneas se eleva difuminándose en el cielo. Es Seúl.
En la tarde visitamos un cenotafio en Kaesong. Los coreanos se habían refugiado en un túnel. Los norteamericanos soltaron sus bombas en la boca del túnel sepultando sin misericordia a los que trataban de escaparse de la otra muerte.
Mas tarde, Kim Il Sung, en mármol, en la cumbre y señalando el Sur. Le pregunto a Burchet su opinión sobre ese monumento. Explica: “Se precisa de enaltecer a un conductor capaz de aglutinar el nacionalismo coreano. Kim Il Sung reune las condiciones. Es el líder de todo el pueblo ahora empeñado en reunificar Corea. El culto a la personalidad en Oriente se convierte en fenómeno de cultura popular”.
En la noche, cena en la cual nos sirven “Chin son lo”, una sopa hecha con 40 ingredientes. Remuevo la sopa con la cuchara hasta el fondo del tazón: carnes, bambú, hortalizas, flores, ginsén, afecto y fe por la reunificación de Corea- Entonces, hacemos ¡Salud!.

TAMBIEN, SALUD, ZARELA
Es 4 de octubre y ando desesperado esperando la aprobación de mi visa para ir a Vietnam. Todos se han ido ya, solo yo me he quedado. Mientras tanto, Nam Sen Dek, mi amabilísimo guia, me ha preparado,un tour a las montañas Kungansan, famosas por ser la cuna del aténtico y mundialmente reputado ginsen.
En un cierto momento del ascenso, acaso en una de las cumbres más altas de estas montañas, recuerdo intensamente a Zarela, mi madre, que ese día cumplia 69 años de edad; ella nació con el siglo.
Estaba demasiado lejos de mí. Entonces, solo me quedó escribir varias frases, una tras otra, como por ejemplo:

En Wongsan,
camino al Kungansan
de 10 mil pies,
estoy
avizorando el horizonte
buscando tu corazón, Zarela.

1 Comments:

Blogger Ishua Sapiens said...

Estimado señor:
Reciba usted un cordial saludo de un ex-morador del Callejón de Sucre (esquina Sucre con la marina). Probablemente no recuerde que allí bailaba siempre don JM Arguedas en compañia del arpa y violin de don Máximo Damián, nosotros éramos pequeños, sin embargo recordamos claramente aquellas visitas del "Duktur". Leí hace poco un artículo suyo del 2004 y no recordaba quien era la otra persona que a veces venia con el escritor. Ahora ya lo sabemos, jejeje.
Saludos de san Diego de Ishua

7:07 PM  

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