EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Thursday, September 07, 2006

RECUERDOS DE LA MADRE TERESA DE CALCUTA

En dias recientes se recordó el 96 aniversario del nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Una serie de imágenes y frases pronunciadas por ella que solo pueden servir para advertirnos, con el sabio Salomón, que todo en esta vida es solo "Vanidad de Vanidades y todo Vanidad", han sido publicadas por internet, llegadas hasta mí desde San Francisco. El amor al prójimo y una fervorosa devociòn por la paz, podría mejorar la crisis moral y material en que se debate el mundo de hoy. Lo siguiente es parte de mis recuerdos de la madre Teresa.


"Tengo en mis manos el rosario de la madre Teresa y en mi corazón el recuerdo del alucinante “Normal Hriday”, la primera obra de caridad que estableció en Calcuta, aquella ciudad considerada una de las más pobres del mundo.
¨Le mouroir¨en francés o “El Moritorio” en castellano aproximado, es un lugar destinado solamente a los moribundos abandonados en las calles de esa ciudad de fantasmas que las madres de la Congregación conducen solícitas para ayudarlos a bienmorir.
Al mediodía, bajo un sol despiadado, le pedí a mi amigo Shabrir que me llevara a conocer el Moritorio. A pie atravesamos un viejo puente debajo del cual, el Ganges pasa llevándose los pecados de los hindúes que se bañan en sus aguas para purificarse.
En esa casa gastada por el tiempo y donde irónicamente, en un lejano pasado, se rendía culto a Kali, la diosa de la muerte en la mitología hindú, funcionaba el rincón de la agonía.
Shabrir solicitó el permiso necesario y con ciertas condiciones –nada de fotografías ni de cuchicheos- atravesamos un patio con columnas grises y luego ingresamos a un salón que presentaba una visión medio dantesca: un purgatorio.
No estaba la madre Teresa entre las varias monjas de su Congregación que se desvelaban en arreglar a los moribundos para la última etapa de su viaje. A todos les quedaba solo minutos de vida y entonces, las madres se apuraban en asearlos, peinarlos, rociarlos con aguas perfumadas y sobre todo, transmitirles amor a través de sus caricias, mientras oraban junto a ellos en la religión de cada cual.
Enmudecido, solo pensaba en grabar en mi corazón esas escenas indignas de la conidición humana. Cuando me di cuenta, una pareja de europeos se había quedado estática. Por las mejillas de marido y mujer rodaban densamente las lágrimas que vertían sus ojos celestes.

No sé cuántos minutos estuve allí entre la desesperación y el asombro, como si me encontrara en la antesala del infierno. ¿Cómo era posible que la gente llegara a la muerte en esas condiciones?
Con los años, me di cuenta de que sí era posible, aunque otras sean las causas. Durante la sequía en Etiopía, vi a algunos de los miles que morían esqueletizados todos los días, sobre el desierto.
En 1962, el demógrafo hindú S. Chandrasehar escribió un libro sobre China donde se alegraba de que en Shangai ya no circularan esos camiones macabros que madrugaban a recoger los cadáveres de decenas de chinos que morían en las calles de la ciudad, absolutamente abandonados, como aún sucedía en Calcuta.

Por eso, la madre Teresa, luego de apercibirse de esta parte de la mezquindad humana, abandonó la Orden y el colegio de adinerados donde enseñaba geografía y se dedicó al cuidado de los pobres de la ciudad, mejor dicho, de “los más pobres de los pobres”, como se lo comunicó a Paulo VI para que declarara pontifica a su Congregación.
En realidad, cuando creó el “Moritorio” en 1954, lo hizo bajo el principio de “Si los pobres vivieron indignamente, por lo menos que mueran dignamente”.
Una hermosa declaración de guerra a la indignidad humana.
Ella misma contaba que alguna vez, un moribundo le dijo: “No importa que haya vivido como un animal, si ahora voy a morir como un ser humano”.

Alguna vez publiqué bajo el título de “El perfil de una santa” los datos que había recogido o testimoniado sobre su obra sui generis de servir a todos los pobres, enfermos, locos, discapacitados, que la sociedad vara hacia la periferia de las grandes ciudades.
La madre Teresa limpiaba sin el menor asco, las laceraciones de los leprosos (solo en Calcuta había unos 40 mil) y aquí, en Lima, en los alrededores del mercado de La Parada, -en el hospicio creado por ella- la vi limpiándoles la saliva morbosa que se deslizaba sin control de la boca de los pobres niños parapléjicos.
Cuando estuvo en Nueva York no le interesó conocer la estatua de La Libertad ni el Waldorf Astoria sino Manhattan, donde se amontonan los negros pobres.
Y en Mekele, Etiopía, en plena sequía y muerte por desnutrición, la vi recorrer con el viento las zonas del desastre llevándoles a los moribundos una última visión bondadosa del mundo.
Cuando intenté entrevistarla a las 7 de la mañana del día siguiente en que la encontré, ya ella había partido a las 6 rumbo a los purgatorios establecidos sobre la arena.

El mensaje que al morir dejó la madre Teresa fue muy simple. Aunque demasiado utópico para la humanidad.
Fue el mismo que dejó Jesús de Nazareth y, antes, Sakia Muni, más conocido como Buda, y luego, Mahoma, San Francisco de Asís, Gandhi y otros que suelen aparecer de siglo en siglo. Es decir, despojarnos de toda riqueza material, porque según el sabio Salomón, “Todo, en esta vida, es vanidad de vanidades y solo vanidad”.
La madre Teresa de Calcuta recitaba siempre a Mateo 6, versículo 19-20: “No alleguéis tesoros en la tierra donde son consumidos por la polilla y el orín y donde son robados por los ladrones, que horadan las paredes de las casas. Atesorad tesoros en el cielo, allí ni la polilla ni el orín los corroen ni hay ladrones que horadan las paredes para robar”.
Lo cual implica un imposible: abandonar toda pizca de egoísmo y de riqueza, pero además, practicar el bien y el amor hacia los pobres.
- Y mientras tanto, ¿qué hacemos con los ricos, madre Teresa?,
- ¿Y quiénes somos nosotros para juzgarlos? Nuestro deber solo
debe consistir en poner a los pobres y a los ricos cara a cara (para que se noten las diferencias)
Esa era su única respuesta.

La madre Teresa predicaba una revolución de amor no de enfrentamiento ni de violencia. Decía que cuando Dios nos juzgue, no nos preguntará cuánto hicimos en la vida, sino cuánto amor pusimos en nuestras obras.
Repetía a menudo que más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos o la conocida parábola del publicano rico. La madre Teresa había cumplido estrictamente las recomendaciones evangélicas. Nunca tuvo nada que no fuera amor a los desvalidos del mundo.
Cuando le pregunté qué cuánto dinero llevaba en su bolso en ese momento, sorprendida por la pregunta, abrió el bolso y me mostró su interior. “No tengo nada” me dijo piadosamente.
En efecto, en el fondo del bolso no había nada, solo su rosario.
Entonces, le pedí que me lo obsequiara. “No, me dijo, es mi rosario, es de Jerusalén”.
Please, por favor, Madre Teresa, le rogué encarecidamente,
La madre Teresa besó su rosario y lo puso en mis manos.

La terrible visión del “Moritorio” de Calcuta, su rosario de semillas de olivo de Jerusalén y la imagen cristiana que siempre vi en su rostro, son lo más imperecedero que guardo de la Santa Teresa de Calcuta.

5 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Interesante, su articulo sobre la madre Teresa, mas no puedo preguntarmes, asi como Ud dice que "La madre Teresa predicaba una revolución de amor no de enfrentamiento ni de violencia", hace un par de meses, Ud Sr. era partidario de un candidato presidencial, que lo que menos predicaba era la Paz y el Amor, tanto para los propios Peruanos como para sus vecinos, en especial Chilenos y en menor medida Ecuatorianos. Eso demuestra, lamentablemente, que es de las personas ( como casi todo el mundo, y entre los que me incluyo) la gran que los grandes ideales de Paz, son una reflexion que se realiza de vez en cuando pero que no forma parte de la vida y de la accion diaria. Quizas Ud. no dañe a nadie, pero si le daba el apoyo a otros que estaban dispuestos a "dividir" y usar la violencia, tal como lo demostro con sus preferencias politicas. Como queda demostrado en este blog, y en sus comentarios, los ideales de Sor Teresa de Calcuta, casi no estan presentes.

Finalmente Sr., y con todo respeto, me permito hacerle una pregunta y reflexión. Si yo le pidiera que me regalara la Cruz que le regalo la Madre Teresa, ¿Ud me la daría?.


No se preocupe, no se la voy a pedir. Simplemente era para reflexionar, lo que es verdaderamente importante. Más grande que la Cruz que Usted posee, lo bello e importante , es el gesto de la Madre Teresa de haberle regalo, quizas los pocos bienes que ella tenia. Son esos gestos, los que hacen grande a una persona.

En cuanto a los pobres y ricos, encontrarempos en la vida a muchos ricos, que son generosos y que se esfuerzan por ser justos, y muchos pobres, avaros y malintencionados. Asi como los contrarios. Ser rico o ser pobre, ser bonito o feo, inteligente o no tanto, etc.,son cosas externas, materiales.
Los sentimientos que emanan del corazón, es lo que determina finalmente la Virtud de las personas, y por eso sentimientos seremos juzgados ( si se cree en algún Dios, por supuesto).

Y como dice un verso de R. Tagore:
"NOS VAMOS CON LAS MANOS VACIAS PERO CON EL CORAZON LLENOS DE ESPERANZA".-

8:58 PM  
Anonymous anonymous 2 said...

Sr. Orbegozo:
Tiene Ud. ahi TODA UNA GRAN VERDAD.Espero tome en cuenta lo mencionado por dicha persona anonymous.Muy buen comentario,muy bueno.

1:46 PM  
Blogger Manuel Jesús Orbegozo said...

Respuestas Annonymous I y II;

En primer lugar, encuentro a uno de los pocos chilenos que no me insultan. Que pretenden decirme sus verdades sin ofenderme.
Le diré que sigo en mis trece. Soy enemigo de la violencia y de la muerte provocada por el hombre. Esto porque he visto muchas guerras y muchas muertes provocados porla insanía humana.
Por lo tanto, decir que lo que pretendo es apoyar a Ollanta por ser vioolento y querer hacerle la guerra Chile no es correcto.
Repito: Decía que Ollanta era "el mejor" candidato para presidente de mi país, porque lo era, lo siguen siendo. Mi pais está divivido en dos naciones, una de ellas, la del Sur casi absolutamente dividida de la otra naciòn conformada por los metizos que vivimos en la costa.
Esto hace que el Perú no alcance la nacionalidad que tienen casi todos los laíses del mundo. Chile, por ejemplo, ha sido tan celoso que hasta no quería que los mapuches fueran parte de su naciòn.
Ollanta resultó tan "bueno" que ganó lejos las elecciones en la primera vuelta, les ganó a los dos contendores más importantes de la lista. No es esto un signo de que era "el mejor"?. de lo contrario hubiera ganado Alan o Lourdes Flores, no?.
Sobre Chile, sigo diciendo que Perú debe mantener los ojos abiertos porque así nos lo enseña la historia. Chile se armò 10 años y nos declasró la guerra y nos la ganó porque nosotros no pensábamos que nos iba a atacar, anduvimos preocupados de nuestras guerras internas antes que de las externas. Por eso, nos han ganado todos loskpaíses qaue nos rodean, menos El Ecuador con el cual, por fin, hicimos las paces y ojalás sea paras siempre.
Eso no quiere decir que yo sienta animadversiòn a Chile. Respeto a Chile y le siento admiraciòn por su empuje hacia el desarrollo. Tengo excelentes amigos chilenos y considero que tampoco el pueblo pretendería declararnos una nueva guerra. Pero, hay circunstancias fatales y eso puede producirse según geopolìticos eminenes. en un futuro no muy lejano, no solo aquí sino en cualquier lugar del planeta Tierra: se necesitará agua potable y gas natural. Por ahi pueden venir las desavenencias, Tanto que se pronostica que se desencadenarán guerras ya no por el "oro negro" sino por el "oro blanco", el agua o el gas. Esto no lo digo yo, lo dicen los que saben más que yo.
Entonces, desde mi modeta condiciòn profesional de viejo periodista, lo único que digo es que ojalá NUNCA haya una nueva guerra entre nosotros. No azuzo ni insulto ni despotrico de nadie, menos de Chile. Si tengo frases duras es contra cualquieer persona opa´sis del mundoque es injusto, que abusa, que es prepotente, que se cree el rey del mundo.
El armamentismo chileno, más allá de los límites precisos señalados por insituciones internacionales no parece ser solo "para cambiara sus materiales viejos por juevo", Pero, si asi fuera, pues, excelente, pero y sino?. "That is the question" como se dice en "To be or not to be".
Gracias por escucharme. Estos son mis opiniones y deben ser respetadas como yo respeto las de ustedes, menos las respuestas miserables.

El otro señor Annnonymous aplaude la respuesta del primer señor "Annonymous", muy bien, también estoy de acuerdo.
Ahora, finalmente, sobre si le regalaría o no la preciada joya de la Santa Teresa de Calcuta, lo haría, pero el rosario y todo lo que tengo cosechado en mi periplo profesional de 50 años, lo he obsequiado a una futura casa de cultura que se levantará en TRujillo, capital de La Libertad, donde nací.
Saludos afectuosos.
MJO

6:10 AM  
Anonymous Anonymous said...

Sr M.J.O.

Gracia por su respuesta. Soy la persona que le hice la respuesta de la medalla.


Ojala que la Casa de Cultura este pronto en funcionamiento, la cultura en cualquiera de sus formas siempre ayudan a un mejor entendimiento de los pueblos. Y reitero que se levante pronto esta Casa de la Cultura, para que Usted en vida, entrege estos elemntos que Ud ha logrado coleccionar y atesorar.


Soy de esas personas que le cuesta entender, a esas otras personas, que en general no mostraron mayores gestos de filantropia y al momento de acercarse al final de camino de la vida, dejan en sun testamento que todo sea para el "pueblo", y quedan como hombres verdaderamente solidarios y filantropos. No creo que este sea su caso, sinceramente.

Me cuesta entender, por ejemplo, que un premio Nobel de Literatura que tuvimos ( en Chile), y que hablaba contra el egoismo y vanidades de la vida capitalista, con el dinero que recibio por el Premio Nobel, se fue a Paris y recorrio Europa, visitando y comprando en las mejores librerias, adquiriendo costosas ornamentaciones de proas de barcos que tanto les gustaba tener es su casa, y al final de su vida, deje todo esto, como legado al pueblo. Ayudo siquiera a unas cuantas personas pobre con parte de su dinero?.

Su deseo final en el testamento ¿Es filantropia o simple vanidad?.

Que cada uno se forme su opinion.
Gracias.-

7:35 PM  
Anonymous Anonymous said...

les escribo desde España, y desconocía a este sr que escribe, periodista.
Al final, lo que le han respondido y los que han intervenido, todos tenemos que hacernos las preguntas a nosotros mismos. Todos estamos sucios de vanidad y egocentrismo. Todos es todos. Y como dice el refrán: "dime de qué presumes y te diré de qué careces"
Creo que la madre Teresa decía tb: "Sólo le pido a Dios fidelidad y que no confíe demasiado en mí".
Los santos de verdad, son aquellos que han hecho la experiencia de su radical pobreza e incapacidad para hacer el bien, si es que Dios no les da la fuerza y lo hace a través de ellos y a pesar de ellos... ésa y no otra es la realidad humana, pero de todos y cada uno de nosotros.
Ciertamente, lo demás, provenga de quien provenga, es pura vanidad o casi.
Todos estamos necesitados de una gran misericordia, pero entiendo a los que se molestan de que alguno/s presuma/n de "ser mejores o más solidarios" que los demás.
Eso es no conocer la condición humana, ciertamente. Ni el ejemplo de Jesús, el Señor. Por cierto, detesto cuando se le compara a Buda o cualquier otro personaje histórico, claro que si no se tiene fe en que es la segunda persona de la Santísima Trinidad... entonces sólo pudo ser un impostor. NO valen las medias tintas en Jesús, o se cree en El o no se cree.
Gracias.

1:29 AM  

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