EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Thursday, November 01, 2007

REVISTA CARETAS, 2 MIL EDICIONES

La Revista CARETAS es la mejor revista del Perú, según opinan los profesionales. Fue fundada por Francisco Igartua y Doris Gibson el 3 de octubre de 1950. Hoy, Caretas está celebrando alborozadamente sus 2 mil ediciones.
En octubre de 1998, le hice a Doris Gibson una larga entrevista por encargo de la elegante revista RUMBOS (Edición No. 11). Deseo aunarme al regocijo con que Caretas está celebrando este acontecimiento editorial publicando fragmentos de dicha entrevista, cuando Doris no tenía los 97 años que tiene ahora. Las cosas han cambiado mucho desde 1998 hasta hoy, de acuerdo a la dialéctica del tiempo y de la vida como hago mención en dicho texto, pero de todos modos, creo que nadie más que Doris, –muerto ya Igartua- merece los elogios a un medio que es digno de la celebración editorial, en la persona de una de sus fundadoras. MJO



DORIS GIBSON PARRA
Cristal de Bohemia


El taxi se detiene frente a Camaná 815, se abre la puerta y una dama desciende no lentamente como una gata que se despereza, sino como una ardilla que elude a un cazador. Luego, se acomoda en su silla de ruedas, cruza la pierna y levanta la cara para darle a su figura ese toque de elegante altivez que empleó toda su vida para diferenciarse de los demás. A su alrededor se mueven dos personajes más en esta breve escena teatral que se repite todos los días.

La dama es Doris Gibson Parra y los otros personajes son Graciela Moreno, su asistente, y el otro Juan Pérez, que cuida el edificio desde su inauguración, y “a la señora Doris para que no le pase nada”.
Chela se encarga de que salga a la calle bien vestida, con un “look” placentero, ha escogido las joyas precisas que hacen juego con el traje, con el rimel azul de Prusia que le bordea tenuemente los párpados, y los labios bien delineados con un rouge que puede ser rojo-pimienta, todo lo cual, la dama aprueba en el espejo.
A esta altura de la escena, se produce una contradicción inevitable. Doris, a quien todo el mundo considera una “Dama de Hierro”, bajo ciertas circunstancias debe ser tratada como una “Dama de Cristal” (de Bohemia),

Doris Gibson ha llegado al edificio que fue de la Compañía de Seguros La Nacional inaugurado hace muchos años -más de 50- , simultáneamente con la revista Caretas.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Como todo está regido por las leyes de la oferta y la demanda del tiempo o la dialéctica de la vida, nada ha permanecido inalterable. Ella ha cambiado mucho, pero no su voz ronca ni su talante altivo y elegante; y el edificio, que antes era un imperio de lujo y movimiento, ahora parece un mamut en desbandada: tiene las escaleras desportilladas, las paredes carcomidas, el ascensor descompuesto y muchas sombras cínicas rellenando todos los rincones. Solo cuando llega Doris parece como que la luz se enciende, que todo se insufla de nueva vida. Los hombres y las mujeres suben o bajan apurados y los niños sonríen y se acercan a la dama para que los acaricie y los bese.

En la oficina 402 donde antes funcionaba la revista Caretas -ahora lo hace en casa propia en pleno corazón de la ciudad, quedan aun las oficinas administrativas a cargo de Sebastián, nieto de Doris, a quien visita cotidianamente. Cuando no hay ascensor hábil, la silla se entrampa en la puerta de entrada hasta donde le llevan los cheques que debe firmar. Su firma es una D y raya, y una G y otra raya, que los bancarios reconocen como la firma de la gerente de Caretas S. A. Al pie de su nombre, como si estuviera cumpliendo una orden de su diagramador, Doris traza su rúbrica una larga línea, que los periodistas y tipógrafos reconocemos como “subrayar”.

Recuerdo que al comenzar este medio siglo, yo iba acompañando a Juan Ríos hacia el bar Zela de la Plaza de San Martín que, a las 11 de la mañana parecía un desolado campo de batalla donde el único sobreviviente era San Martín. No había alborotos, salvo el causado por el tranvía que llegaba rengueando desde la Punta hasta su último paradero en Colmena.

En el bar, en una mesa que a mi me parecía el mar, navegaban Doris Gibson, Federico More, Martín Adán, Francisco Igartua y Juan Ríos. Era la primera vez en mi vida que veía juntos a tantos monstruos de la literatura y el periodismo nacional. Ya conocía a Juan Ríos porque ambos fuimos a recibir a Georgette de Vallejo cuando llegaba de Paris, y de vista, conocía a Igartua y a Martín Adán, pero nunca había estado tan cerca de ellos. Me pasé toda la hora de tertulia observando la enorme calva de don Federico que se movía como un hipopótamo, la timidez irreparable de Martín Adán y la imponente belleza de Doris Gibson enmarcado en una cabellera de tordos.
Elegante y desinhibida, me parecía una artista de Hollywood. Yo era un provinciano recién llegado a la capital y todo lo que me sucedía como aquella mañana me parecía un regalo de los dioses.

Ahora, nuevamente frente a Doris, veo sus ojos claros e identifico en sus pupilas la misma luz destellante que tenia aquella mañana inmortal. Su rostro puede estar marchito y su memoria y sus arrestos, pero la luz de sus ojos sigue intacta. Dicen que los ojos son el espejo del alma. En efecto, sus ojos lo testifican Doris -88 años después de haber nacido- solo piensa en la vida, la muerte no le incumbe.

…El año en que como un dragón de la mitología china, el cometa Halley iluminaba las noches del cielo con su cauda fosforescente, nació de apuro Doris Gibson, en la calle Orejuelas un 28 de abril de 1910 y no en Arequipa como algunos siguen creyendo. Su padre fue don Enrique Gibson Moller, arequipeño, hijo del fundador de una casa comercial que adquirió auge inusitado del que gozaron los characatos y Juan, Carlos, Percy, Doris, María y Carmela.

“Mi padre era poeta”, recalca Doris, mientras recuerda haberle escuchado recitar sus propios hermosos poemas y haber conocido a José Santos Chocano. Recuerda a su hermano Percy – escritor melancólico y amigo mío de aventuras literarias-. “Unos años después de su muerte, fui al cementerio a ponerle flores. Frente a su tumba encontré solo a una persona, entristecida, Jan. (Alejandro Miró Quesada Garland), uno de sus amigos entrañables”.

…Doris es generosa, no siente rencor por nadie, ni siquiera por aquellos que más de una vez destrozaron las puertas de sus oficinas, empastelaron las páginas de su revista, la clausuraron, apresaron a su hijo Enrique y hasta lo deportaron.
- Tú, siempre empedernida, Doris.
- No, yo siempre apasionada
- Siempre impávida-
- No, siempre justa.

Doris jamás imploró nada, exigió siempre. Exigió que funcionara la libertad de expresión y de prensa y cuántas veces fue necesario salió a calles y plazas a pechar en vivo y en directo a los rochabuses y a los policías

“En octubre de 1950 –mes de procesiones, corridas, sismos, pronunciamiento militares y sabe Dios qué otros menjunjes- nació Caretas. Un aviso publicado por El Comercio el día 3 de ese mes, decía: “Por contratiempos de ultima hora, hoy aparece Caretas, revista de actualidades graficas”.
“El anunció era muy pequeño, solo medía 3 columnas por 6 centímetros de alto. Ese hallazgo es muy valioso pues revela el dia del nacimiento de la revista más antigua del Perú y posiblemente de América Latina, cosa que durante muchos años no se supo con precisión en la misma Caretas”, recuerda Domingo Tamariz, actual editor de la revista, en su libro “Memorias de una Pasión”.

Caretas, dirigida por Enrique Zileri, hijo de Doris y del diplomático argentino Manlio Zileri, nació gracias a la idea y al esfuerzo de ella y de Francisco Igartua. Decidieron que Paco timonearía la revista, mientras Doris empujaría el carro Paco sería la teoría, Doris, la praxis. En una palabra, Igartua se erigiría en director de la revista y Doris en directora de publicidad a sabiendas de que en nuestro mundo el combustible de todo medio de comunicación es el avisaje. Doris había adquirido gran práctica en publicidad cuando trabajó en la revista “Turismo”. Federico More la tasó una vez: “Doris es mitad intelectual y mitad financista”. De hecho, la Dama de Hierro en transición al Cristal, inauguró un nuevo reino. Pronto, en el mundo editorial, fue considerada “Reina de la Publicidad”.

Doris cuenta no haber sido nunca rechazada, salvo cuando, por ejemplo, la revista puso un titular que decía: “Llegó el Circo” junto a la imagen del flamante presidente de la República don Manuel Prado. “La portada sería absolutamente objetiva. Prado volvía a ser presidente y, a la vez, volvían los circos a Lima, como todos los años para las fiestas del 28 de julio. La portada fue un éxito, pero desató el odio de la poderosa familia del presidente y de los pradistas contra Caretas.
De poco valió la amistad de Doris con Mariano Prado, presidente de Banco Popular y zar de las finanzas peruanas, sobrino del veterano jefe de Estado. Poco a poco se fue notando el sabotaje publicitario a la revista que Doris fue capeando con su enorme simpatía y su imparable capacidad vendedera”, recuerda Igartua en su libro “Siempre un extraño”.

No fue esa la única vez que las autoridades políticas intentaron asfixiar a Caretas, también lo hicieron Odría, Pérez Godoy, Velasco, Morales Bermúdez y, de repente, otros etcéteras en lo porvenir.

Su madre fue doña Mercedes Parra del Riego, hermana de Juan, el famoso autor de los polirritmos a Gradín. Madre e hijas debieron separarse muy temprano y Doris tuvo que asumir todas las responsabilidades de cuidar a sus hermanas menores lo que hizo como jugando. Su padre poeta influyó mucho para que escogiera su camino que ella encontró fácil, el de la intelectualidad.

…Las fuerzas físicas que han tomado la pendiente natural de la vida, no la hacen decaer después de tanta batalla. Bastan unos masajes del terapeuta Víctor Rojas Raimondi para que se recupere. Doris sigue impávida mostrando su genio y su figura, su temple o su "ñeque" –peruanismo, como inventado para su uso exclusivo. Doris no se ha rendido aún.
…A veces amanece con la “nevada” –reminiscencia de su infancia arequipeña, pero, por lo general, pasa el día tranquilamente. Fuma, ¿cuántos cigarrillos? Tal vez una media cajetilla.
En Miraflores, cuando tiene oportunidad se detiene, rescata unas monedas del fondo de su cartera y se las da a los guitarristas de pacotilla que tocan bajo los árboles de Larco.

Doris no vive del pasado, se aferra a lo porvenir. No es fácil que una mujer difícil pueda decirlo todo en una entrevista al paso, sacar al aire sus recuerdos más íntimos para liberarlos del polvo acumulado. Estoy en capacidad de afirmar que, sin embargo, Doris no ambiciona nada, salvo celebrar el año 2000 con pompa miyunanochescas el 50 aniversario de Caretas, el “quid” de su vida

Doris recibió del alcalde Alfonso Barrantes Lingán, la Medalla Cívica de la Ciudad, y de manos del presidente Fernando Belaúnde Ferry, la Orden del Sol en el Grado de Gran Oficial; pero, las mejores condecoraciones que le ha dado la la vida son sus nietos: Sebastián, Doménica, Marco, Diana y Drusila, asi en ese desorden. Los ama

Lucas y Mariana, sus biznietos, hijos de Marco, le han regalado dos canarios. No bien se despierta, Doris pide que le lleven la jaula a su dormitorio para escuchar los trinos de los pajaritos.
Le sirven para disipar los malos sueños o los torvos recuerdos

¿Con qué, Doris Gibson Parra podría empezar los días del resto de su vida?

1 Comments:

Blogger Corresponsal no autorizado said...

Muy justas líneas a quien se lo merece.

11:21 PM  

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