EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Thursday, January 27, 2005

IDI AMIN O LA BESTIA NEGRA

Recuerdos de Africa

La revista “New African” publicó datos escalofriantes sobre los crímenes de Idi Amín. Afirmó que desde enero de 1971 en que asumió el poder en Uganda, habían sido asesinados entre 200 mil a 500 mil ugandeses.
En febrero mató a sangre fría al Arzobispo Luwum de dos balazos en el pecho y uno en la boca. A menudo, los crímenes que cometía Idi Amín eran espeluznantes.
En Nairobi, conversé accidentalmente con un joven ex universitario ugandés. Un año antes habían asesinado a su padre, y él y dos de sus hermanos huyeron para ponerse a salvo de las garras de Amín.

Sólo en dos aeropuertos africanos escuché la orden terminante de que quienes no tenían visa no podían bajar del avión: en el Aeropuerto de Trípoli (porque en esos días, Libia estaba en guerra con Egipto) y en el de Kampala, Uganda (porque Idi Amín andaba en guerra permanente hasta con su sombra).
Cuando el avión en que viajaba a Sudáfrica, se detuvo en el Aeropuerto de Kampala, lo hizo tan lejos y tan incómodamente, que desde las ventanillas no se podía sacar ni siquiera una buena foto del aeropuerto. Entonces, numerosas personas entre las que había un periodista francés de “Paris Match” decidimos bajar del avión en vista de que sabíamos que había un permiso previo.

Yo me disponía a descender detrás del francés, cuando observé, casi al pie de la escalinata, a un soldado armado con metralleta y muchos más en los alrededores. Al vernos bajar y pretender enrumbar al aeropuerto, el soldado más cercano nos lanzó un grito tan feroz que nos hizo frenar de golpe.
Todo sorprendidos le hicimos señas que lo único que queríamos era tomar una fotografía y como toda respuesta, otro grito y, luego, nos apuntó con la
metralleta. Los demás soldados también alistaron sus armas. La aeromoza, que estaba en la puerta, nos pidió: Suban, «s’il vous plaise. Incroyable». Estaba asustada y yo, también, y el francés y todos los demás pasajeros que se dirigían al local del aeropuerto como un relax, no era para ninguna otra cosa, porque la fama de las bestialidades de Amín ya habían dado la vuelta al mundo. Conversando con el capitán, le oí decir en voz baja: “Estamos en una isla de salvajes”.

Un ogro real

Recordé a los periodistas de EFE que me decían en Madrid: “A Uganda no intentes ir ni con visa”.
Si los hombres de la Ley hubiesen buscado a Idi Amín, de Uganda, habrían tenido que pegar su retrato en todas las esquinas del mundo con algunas referencias como éstas:
«Es alto, fornido; con la conciencia más negra que la piel; parece una ballena que se desplaza en un mar de sangre, tiene un poco de Nerón, otro poco de Calígula, es un ogro, una bestia humana; vive en un pequeño país del tamaño de una llaga, pero sus crímenes son más grandes que la tierra; ni él mismo sabe a cuántos ha matado ya, aunque las cifras oscilan entre 200 mil y 500 mil. Tiene 34 hijos y un estilo propio de matar; por ejemplo, al Arzobispo Luwum le dijo (en enero de ese año, 1977): “Usted señor Arzobispo, ha estado complotando para derrocarme”. El Arzobispo anglicano le respondió que no, pero la “Bestia de Uganda” sacó su pistola y le disparó a boca de jarro, dos tiros en el pecho. Como el Arzobispo no cayó de inmediato, sino que se quedó como dudando entre la vida y la muerte, la “Bestia” le apuntó en la boca y le disparó y, entonces, sí, el Arzobispo se desplomó moribundo».
En los “pósters” se seguiría explicando que el hombre buscado por todos los rincones del mundo fue boxeador, y por entonces, Mariscal del Aire, y payaso, hacía payasadas de foca y era paracaidista. Le enseñaron paracaidismo en Israel donde tuvo un amigo del Servicio de Inteligencia con quien conversó después de la hazaña judía en el aeropuerto de Entebbe (a la sazón, construido por los israelitas); estudió en la Academia Militar de Sanburst y, sin embargo, se reía de la Reina y del Parlamento; cuando los ingleses anunciaron que atravesaban por seria crisis económica, el “Rey de la Selva” organizó una colecta pública en Kampala y los chelines que obtuvo los envió junto con un par de sus botas viejas “para que usted (la Reina Isabel) soporte mejor la crisis”.

El Ogro era experto en lanzamiento de dardos envenenados y solía alimentar a sus cocodrilos con la carne de sus enemigos. En Uganda, todos lo conocían, pero nadie se atrevía a entregarlo porque Uganda se había convertido en una isla del terror. Los hombres de la Ley, algún “sheriff”, como en las películas del Oeste, escribiría al final del “identikit”: “Si usted, le da caza, entréguelo ¡vivo o muerto! La humanidad se lo recompensará”.
Caminaba yo por una calle de Nairobi, Kenya, cuando se me acercó un joven no mal vestido, para preguntarme si deseaba algo en lo que pudiera ayudarme. Le dije que no. Que le agradecía. Pero insistió afirmándome que no me iba a pedir dinero. “Soy de Uganda –me dijo– he huido y estoy aquí hace más de un mes”. Pensé inmediatamente en que el joven apelaba a uno de los tantos recursos que tienen los desocupados para explotar la buena fe de los turistas; recordé al mercader de Calcuta, por ejemplo, que imperturbablemente me siguió toda una mañana hasta que al fin me convenció para que le comprara unos brocados hindúes. Este joven, sin embargo, no aparentaba ser un muerto de hambre. “Soy un ex estudiante”, me afirmó después y me enseñó un documento que lo certificaba. Luego, empezó así su relato: “Idi Amín mató a mi padre en Jinja el año pasado; tres de sus hijos huimos, dos deben estar en Sudán, yo estoy en Nairobi pasando muchas penurias”.

Yo avanzaba hacia el correo flanqueado por el ugandés, quien me repetía que no me pediría dinero, pero sí, algo que comer, tal vez un sándwich, “aquí la vida es muy dura, no hay trabajo, aguanto todo, porque por lo menos, sé que no me matarán”. Llegamos al correo, franqueé dos postales y avanzamos en busca de un bar. El muchacho dijo muchas cosas que coincidían con mis apuntes y con recortes de diarios y revistas que compraba a lo largo de mi viaje.

Fenómeno histórico
Para el muchacho, Idi Amín era un fenómeno que no debía llamar la atención porque estos se dan a través de la historia. Recordó a Nerón y a Hitler quemando a Roma o calcinando a judíos, respectivamente, en actitudes que superan la megalomanía, pero que no andan lejos de la naturaleza humana. Eso en primer lugar; en segundo lugar, afirmó que los problemas internos de Uganda son los mismos de varios países africanos, problemas que tienen raíces en odios tribales o en celos religiosos. Recordó que el Presidente Obote a quien Idi Amín derrocó el 25 de enero de 1971 fue de la tribu de los Lango; aunque la mayoría de su guardia pretoriana era de otra tribu, los Acholis. Idi Amín al usurpar el poder tenía que hacer desaparecer a dos enemigos potenciales: A los Lango, por haber pertenecido Obote a dicha tribu; y a los Acholis por haber sido éstos la mayoría de sus guardaespaldas. “El primer crimen lo cometió Idi Amín un año antes de usurpar el poder –dijo el estudiante–. Mató al Brigadier Ocoya, que era de ascendencia acholi”.
–Pero no iba a matar a toda la tribu, le dije yo.
–Usted no puede hacer preguntas a las que yo deba dar respuestas lógicas. Idi Amín hará fusilar a todo cuanto crea que atenta contra su poder. Los crímenes de Idi Amín son pasmosos. A su última mujer la conoció en una reunión; ella era bailarina de un grupo de músicos-soldados y tenía un amante y un hijo. Idi Amin envió a sus guardias a decirle al amante, que nunca más volvería a ver a Sarah, aunque se podía quedar con el hijo. El amante se negó a dejar partir a Sarah, por lo que horas más tarde lo ametrallaron sin misericordia.
Leí, después, en una revista, que Idi Amín no podía, aunque lo quería, tener un hijo en Sarah. Entonces, la sometió al examen de una docena de médicos quienes diagnosticaron que el problema de la muchacha era de orden psicológico. Ninguno, sin embargo, reveló la causa específica de su trauma, a no ser el ex ministro de Salud, Henry Kyemba, luego, asilado en Londres. Este dijo que Sarah nunca pudo olvidar a su joven amante ni perdonar a Idi Amín, por haberlo asesinado. “Ella soñaba que su amante venía a visitarla todas las noches”, declaró el ex ministro. A Idi Amin no le quedó ningún otro recurso que asesinarla.
El joven, que en un momento dijo haber estudiado en la Universidad de Nakerere, intentó explicar que el fenómeno caótico de Uganda, además de tener raíces étnicas: Kakwas contra Acholis, Bantús contra Nilotes, todo lo cual era un caldo de cultivo para los desenfrenos de Idi Amín, tenía también relaciones religiosas. La mayoría de kakwas eran cristianos, los cuales combatían a los musulmanes; los católicos luchaban contra los protestantes. Había cristianos que complotan contra Idi Amín.
Varias horas conversé con el estudiante sin llegar a saber si realmente era un ex universitario ugandés o se había aprendido nombres y lugares de memoria para sorprender a los extranjeros y ganarse la vida. Yo chequeé, sin embargo, sus datos con el material que llevaba en mi maletín y había muchas coincidencias.

El joven no quiso que le tomara fotos ni menos revelar su nombre, aunque le hubiera sido fácil darme uno cualquiera. Cuando se alejaba apunté mi cámara hacia él en el preciso momento en que daba vuelta, para ver si yo cumplía con mi compromiso que realmente no asumí. Tengo la foto.

Una vergüenza
Nadie. No había nadie quien pudiera liquidar a lo que algunas revistas del Continente, llamaban “La vergüenza del Africa”. Leí en “Daily Nation” de Kenya una especie de imprecación: “¿Hasta cuándo, Africa y el mundo aparecen solamente como espectadores del bárbaro e indiscriminado genocidio en Uganda?”.
Esa fue una de mis preguntas al estudiante. Contestó que muchos quieren hacerlo, y si no lo hacía el ejército era porque estaba corrompido, las gentes que lo adulaban estaban corrompidas, soldados y policías analfabetos se llenaban de chelines y gozaban de increíbles privilegios, todos los vientos que soplaban en Uganda eran de terror; cualquiera podía ser detenido e inmediatamente fusilado. Los cadáveres amanecían por las calles, por los campos, ya no había lugares dónde depositarlos. La gran preocupación de Idi Amín era buscar la forma de desvanecer los cuerpos de sus víctimas.

En esos días, Idi Amín asistía a una reunión de la OUA en Libreville, Gabón. Allí se robó el show. Leí que cuando le tocó hablar, dio detalles sobre el último atentado contra su vida. Fusilaron a unas 20 personas “Antes de que ellos me coman, me los comí yo” dijo el ogro cínicamente y todos se soltaron la risa.
Muchos no dudaron de su frase, porque según el ex ministro de Sanidad, Henry Kyemba, Idi Amín era caníbal. El había contado que cuando hizo asesinar al general de Brigada, Charles Arube, en 1974, Amín pidió entrar a la morgue de Mulago, para reconocerlo. “Quiero estar solo” pidió. Al salir, los que examinaron nuevamente el cadáver de Arube se quedaron de una pieza: Al cadáver le faltaban varios dedos de las manos y los pies. El Ministro le escuchó decir a Amín en muchas oportunidades: “La carne humana tiene gusto salado”.

Casi todos los días, Idi Amín hacía noticia. En Argelia, leí que Amín había ordenado poner en libertad a un periodista canadiense después de 30 días de cárcel. En Madrid me enteré de que la “Bestia de Kampala” había sido víctima de un nuevo atentado. En Lima, en esos días, todos leímos este titular: “Idi Amín hace ejecutar a 15, en Uganda”. Mi pregunta de entonces, era: ¿Cuándo leeremos que Idi Amín fue ejecutado?
Con toda esta carga de pensamientos oscuros, proseguí viaje. Mi próxima parada: Johannesburgo.

16 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Sin palabras...en la facultad lei una escueta reseña sobre este dictador canibal,y mis ojos no dieron crédito ante las macabras imágenes de cráneos en un refrigerador mientras idi comia "exquisitos" bocadillos de carne humana,estuve a punto de vomitar y eso es bastante, puesto que estudio medicina;ante mi asombro me propuse ahondar en su vida y topé con su artículo,aprovechando de hojear su página que me resultó interesantítisma y amena; gracias por publicar sus escritos aquí,estoy segura que al igual que yo habrá otra persona que haya aprendido algo verdaderamente interesante.
R.M.B.
Chihuahua,México

7:11 PM  
Anonymous Langas said...

Muy interesante artículo, si es que se puede calificar de "interesante" tener noticias de un engendro humano como ese.

1:41 AM  
Anonymous Anonymous said...

Me pareció muy intersante porque estoy buscando información sobre idi amin ya que necesito realizar un trabajo para la universidada y lo que me gustaria saber es como fue tratado en su infancia, cualquier dato enviarlo a andritz_87@yahoo.com

Gracias
Lima-Perú

7:17 AM  
Blogger Krelian said...

Solo puedo decir que ha sido bien interesante leer este articulo lo encontre por casualidadpues me estaba preparando para ver the last king of scottland que habla sobre la bestia negra y deverdad que el hombre era horrible. Muy buen articulo si tiene mas informacion puede ir a mi blog y dejarme un mensaje o me envia un correo electronico. Nailerk@gmail.com

9:51 AM  
Anonymous Anonymous said...

...guau...! que escalofriante, es un excelente reporte.Me gustaria saber mas acerca del canibalismo, y acerca de la vida de esta "bestia"
les dejo mi correo por si desean contactarme para intercambiar algunas notas.
mar_ant7@hotmail.com

10:47 AM  
Anonymous Anonymous said...

es trite y desepcionante la actitud de salvajes y ser tolerantes con estos criminales que de hecho existen muchos en nuestra tierra. la humanidad debe borrar y ejecutar a todos estos criminales si es posible a toda su estirpe y asi asegurar que nunca mas brotaran a hacer el mal

8:45 AM  
Anonymous Anonymous said...

En Venezuela tenemos a otro Idi Amin caribeño y su nombre es Hugo Chavez. Ese salvaje ha causado tanto daño a tanta gente inocente que bien puede ser comparado con el difunto dictador africano.

4:41 AM  
Anonymous Anonymous said...

Recomiendo la pelicula sobre esta bestia se llama El ultimo emperador escoses.

8:31 AM  
Blogger Adonis said...

Hugo chavez no ha asesinado a nadie todavía, y en las pasadas elecciones fue ratificado por el 57% de los electores... mientras q Amin fue un genocida y llegó al poder alzado en armas, así que no le veo ninguna similitud anonymous.

Hoy vi la película del último rey escocés está muy interesante, es una vergüenza para la humanidad la existencia de este tipo de monstruos. Ya no más. Independencia y libertad!

11:55 PM  
Blogger oid mortales said...

todos opinan con demasiada ligereza
deberian saber mas sobre el tema
si bien la reina de inglaterra no practica canibalismo es su reinado quien apoyo a amin y lo sostuvo
no?

4:38 PM  
Anonymous Anonymous said...

lo q escribio de ese mosntrou negro es un trabajo fornidable y sobre todo casi un documnetal ,.un dictador casi simpre es un asesino en potencia, dios es grande nos salvo de fujimori,, gracias continue con su trabajo periodistico lo hace exkisito., felicidades... BORA11.

9:22 AM  
Anonymous Ubicatex said...

Al Anónimo que se tomó el tiempo de escribir tamaña burrada sobre Hugo Chávez, le recomendaría de todo corazón que se automedique con Haloperidol o algún otro antipsicótico para que no transite por la vida escribiendo ese tipo de ESTUPIDECES. De verdad que cada día me impresiona más la disociación de estas gentes. Dios te libre de vivir bajo el rrrrrrrrrrrégimen de una bestia como sí lo fue Idi Amín. Pobres disociados, confortablemente escribiendo desde un escritorio, con su computadora y respectiva internet, y haciendo comparaciones de este tipo, pobres!!! Muchas gracias al dueño de este espacio por la información publicada. A todos los demás, buenas noches.

7:55 PM  
Anonymous Anonymous said...

Me ha parecido muy interesannte el articulo, estoy deseando que estrenen la pelicula.Madrid

10:55 AM  
Anonymous Ana María Uribe said...

Acabo de llegar del cine viendo la espeluznante película The last King of Scottland. Estoy impresionada !!! Quise averiguar algo más sobre este mounstro y no cabe duda que su página me ha despejado muchas dudads.

10:07 PM  
Blogger Lea said...

Hola, estuve leyendo algunos de sus comentarios y la verdad q todos son muy certeros, yo soy studiante y tambien tengo una tarea sobre Idi Ami, y si alguien sabe donde puedo encontrar informacion acerca de su infania o la forma q lo hizo actuar de esa manera m seria muy util.mi correo x cualquier cosa s shelitabonita25@yahoo.com

10:56 PM  
Anonymous Anonymous said...

bueno el articulo es muy bueno en primer lugar, a raiz de la pelicula quise averiguar mas sobre este monstruo africano, por favor si alguien tiene mas informacion haganmela llegar a mi correo rick1527@hotmail.com, garcias

9:47 PM  

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