EL MUNDO, UN DÍA

Blog del Periodista Manuel Jesús Orbegozo. Este blog se mantendrá en línea como tributo a quien con su pluma forjo generaciones de periodistas desde la aulas sanmarquinas. MJO siempre presente.

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Primero, recorrió todo su país en plan informativo, y luego casi todo el mundo con el mismo afán. Por lo menos, muchos de los grandes sucesos mundiales de los últimos 30 años del siglo XX (guerras, epidemias, citas cumbres, desastres, olimpiadas deportivas, etc.) fueron cubiertos por este hombre de prensa emprendedor, humanista, bajo de cuerpo pero alto de espíritu, silencioso, de vuelo rasante, como un alcatraz antes que de alturas, como un águila, por considerar que la soberbia es negativa para el espíritu humano. Trabajó en La Crónica y Expreso, y más de 30 años en el diario El Comercio como Jefe de Redacción, luego fue Director del diario oficial El Peruano y como profesor de periodismo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos lo sigue siendo aún después de 30 años seguidos. Esta es un apretada síntesis de la vida de un periodista hizo historia en el Perú y en muchos de quienes lo conocieron. Puede además ver su galeria fotográfica en http://mjorbe.jalbum.net Nota: MJO partio el 12 de setiembre para hacer una entrevista, la más larga de todas. MJO no se ha ido, vive en cada uno de los corazones de quienes lo conocieron.

Friday, August 26, 2005

RECUERDOS DE JORGE LUIS BORGES

A LOS 106 AÑOS DE SU NACIMIENTO

El 23 de este mes, pensé publicar esta nota sobre Jorge Luis Borges a los 105 años justos de su nacimiento. Pero las noticias internas o externas tiraron por los suelos mis deseos. Ahora lo hago como un nuevo tributo al genial escritor argentino y, acaso, para airear la atmósfera que me rodea y rodea a mi país: desconcertantes problemas políticos, económicos, culturales, etc., y en estos días, un accidente aéreo con todo lo que conlleva de tragedia. Tal vez los “Recuerdos de Borges” me ayuden a aliviar mi tensiòn.

Recuerdo mucho a Jorge Luis Borges, pero lamento no haber bebido más de él junto a los sorbos del té que me invitó a tomar en el hall del Hotel Bolívar, una tarde inequívoca, aunque con detalles cada vez más perdidos en mi memoria, porque yo no soy Funes.
No sé qué pasó, por qué dejé que se escapara de mis manos la oportunidad de detenerlo hasta el cansancio y no permitir que mi reloj de plástico diera el gong a las 6 de la tarde en punto, y acercárnos así al final de la partida que, con caballos ágiles y reyes sobrios, empezamos a jugar desde antes de las 5.
Cuánto lo siento, porque ahora, estaría deleitándome aùn más con el recuerdo enredado en sus propias zarzas; el recuerdo de su lenta rutina, de sus arrugas crepusculares, de su pelo breve y cano; el recuerdo de su sabia voz, de su labio inferior como intentando rodar hacia el olvido; con el recuerdo de sus ojos mansos disimuladamente escondidos detrás de una lágrima o de una película invisible.

Fue un descuido el mío. En vez de conversar con el Borges real que en esos momentos tomaba el té conmigo, se me dio por buscar su sombra que él tanto menciona en sus desvaríos, acaso escondida bajo las sillas o desvaída sobre las alfombras; en vez de ajustarme al objetivo me dedicaba más al asombro; en vez de observar su mano colocada sobre la ternura de su bastón estricto, me dedicaba más a descubrir al conferencista descompaginando a los estudiantes de Oxford; en vez de dirigirme al Borges que tenía allí a centímetros, intentaba buscar al Borges imaginario en el laberinto de humos exangües sin saber que yo iba a resultar desconcertado con lo cual perdí irremediablemente y para siempre a Jorge Luis Borges, el real.

Aún estoy en esta orilla a más de treinta años de haberlo conocido, de haberlo llevado del brazo, él a tientas como evitando el precipicio o contando las lajas, cinco cuadras largas desde la Librería de don Juan Mejía Baca en la calle de Los Hérfanos hasta el Hotel Bolìvar donde se alojaba, y no haber tenido la menor intuición de apretarlo más a mi brazo para acercarlo a la leyenda de la vida y alejarlo, en cambio, por unos cien años más de la eternidad o de la muerte, que vienen a ser lo mismo.

Cómo sería para mí, cuando el mundo recordó su nacimiento producido hacía 100 años luz. Habria sido una apoteosis personal si mis recuerdos no hubieran tenido esta pátina de remordimiento. Porque me pesa haber reparado más en su presencia corpórea que en la sabiduría de su estirpe.
Recuerdo que el ciego del Aleph dijo, en un momento inesperado, que realmente se sentía cobarde ante el dolor físico. "Pero, creo que he de ser valiente ante la imagen de la muerte", se rectificó prestamente. Luego, contó que una vez fue al oculista quien, luego de exanimarlo, le dijo: "Dentro de un mes, Ud. va a perder la vista".
Yo -siguió contando- recibí la noticia con serenidad e indiferencia y ya estaba por creerme valiente cuando mi madre me hizo salir de mi duda: "Sentáte, ché, me dijo, ya vas a desmayarte!". Y, bueno, yo no sé dónde reside la valentía o el coraje".
Después me contó que él era amigo de un payador. "Paredes se llamaba
-recordó como prendiendo fuego-
y era muy viejo. Un dia, andabamos juntos cuando tuvo un lío con otro payador mucho más joven que él. Fuimos, entonces, a su casa donde el viejo sacó dos cuchillos de pelea que siempre son uno más grande que otro. El extendió los aceros y le dijo a su contrincante. "Escogé vos el arma y propinále un tajito a este viejo",
rememoró Borges con un tono más digno de ser escuchado que leído.

No me llené de Borges esa tarde como debió ser, aunque si lo suficiente como para no olvidarlo en mi camino. Así, alguna vez, en las orillas del lago Tchad, encontré a un mendigo ciego y negro, lo cual no puede ser un demérito para el género humano. Se le notaba orgulloso al recitar una letanía indiferente. El ciego recibía el castigo del sol africano con cierto desdén borgeano. Entonces fue que reavivé a Borges, cerca al lago. El mendigo recitaba una letenía que no entendi pero que otro mendigo me pudo traducir. El ciego decía interminablemente en yoruba, algo así como "yo sólo sé que nada sé". Entonces, me convencí de que los Borges o los Sócrates, muchos siglos después de la cicuta o la ceguera, andan aún desparramados por todos los confines de la tierra.

Borges: nihilista, ciego, iconoclasta, orgulloso, sarcástico, de fábula, ultraista, también me dijo aquella vez de la reuniòn inequìvoca, que él no sabía nada que no fuera lo comùn y lo corriente, nada que fuera distinto al exquisito amargor del mate argentino, diferente a la caricia de un pétalo de viento, a los arcos de triunfo de los gatos, a la insignificancia de su sombra al medio día; nada que fuera diferente al inflexible comportamiento de su bastón cotidiano, a los goznes de la eternidad y al escoplo del tiempo.

Cuánto me pesa no haber detenido a Cronos escondido en mi reloj de plástico para estar más tiempo a su lado. Guardo recuerdos inefables de su persona acaso más que de su personalidad, de su genio y de su magia, y eso me pesa, porque ahora, mis recuerdos no estarían tan innoblemente barnizados por el remordimiento.

2 Comments:

Anonymous Hilarión Ballivián said...

Borges escribió de manera sorprendente. Fue un ególatra eso sí que siempre defendió a la derecha latifundista y vivió con el fatalismo de saber que en sus genes estaba la retinitis pigmnetaria.
Su celibato extraño casi como asqueado por el sexo lo llevó a un matrimonio tardío y excento del riesgo de la paternidad.
Siempre defendió ideas tan lejanas a latinoamérica que yo tengo mis dudas de cuánto debemos los latinoamericanos de rendirle homenaje a un hombre que decía que era un europeo en el exilio. Alguién que le proponía a Neruda escribir en francés o por último en inglés porque este idioma castellano no alcanzaba para llegar al mundo.
Cuando todos se preguntaban por la miseria y la desigualdad en sudamérica y se alimentaban de las bases indígenas y mestizas, el se encerraba en su biblioteca y vagaba por estanterias traduciendo el anglosajón del siglo XI.(de lo cual debo destacar la traducción de "seafearer" pero con dolor por no interesarse en américa)
Se inventó una familia de gloriosos militares (siempre dijo que su abuelo fue un general brillante, cuando todo el ejército argentino comentó que fue un cobarde que abandonó la batalla en mediol caos) y el autoritarismo se le quedó pegado en su forma de vida y su literatura críptica, hermosa pero lejana para el lector común.
Borges no recibió el novel probablemente porque su fundamentalismo derechista molestaba a la academia sueca y es probable que lo mereciera.
Su amor por los gauchos son una excusa para hacer literatura fantástica en un medio agreste que parecía poblado de gente como él en este universo literario. Esos que gustan de hablar y amenazar de cuchillos, pero que el despreciaba por violentos y alejados del mundo académico.
Se le endilga un poema de arrepentimiento por lo que dejó de hacer, el cual sabemos por sus recopiladores y por su viuda M. Codama que nunca lo escribió él y que jamás hubiera escrito en tono de disculpa o arrepentimiento.
Borges para mí es un enigma que debió haber nacido en Inglaterra o Francia y no en el sur del mundo.

7:50 PM  
Blogger Manuel Jesús Orbegozo said...

Felictaciones por su crítica, su estilo, su concepciòn sobre el pensamiento político de Borges.
Cuánto de razón hay en sus menciones a su comportamiento y su elitismo. Sin embargo, como creador literario solo Borges pudo dejarnos una obra tan vasta y tan hermosa.
En términos generales, creo que todos los hombres de la tierra, somos como una moneda, todos somos parecidos a Jano, tenemos dos caras inevitables. siempre ahbrá arriba y abajo, bueno y malo, siempre el ying y el yang de los chinos. Nadie, me parece, pueda ser solo grande, solo absolutamente grande.
Por ahi hay un zoólogo nortamericano D Dawkins, que plantea la hipótesis de que la mezquindad y el altruismo son genéticos en el hombre, tal como lo ha probado en los animales.
No faltan admiradores de Hitler (por ejemplo algunos árabes y actuales neonazis) y de Nerón,y también, detractores implacables de Mao o Fidel Castro. Yo conocí a Pol Pot y yo no lo maldigo.
Respecto a quienes otorgan el Nobel, debe sucederles lo mismo: a veces premian a quienes consideramos que no lo merecen. Soy de quienes consideran que no le debieron negar el Premio a Borges y en cambio se lo hayan dado a José Camilo Cela.
¿Será un factor sine qua non el que, por ejeplo, en este caso, Borges haya tenido que ser izquierdista,"revolucionario", etc.?. ¿Pensar de él como muchos de nosotros?.
Y entonces, Voltaire ¿por dónde quedaría? Borges tenía sus ideas de "derecha" pero no le hicieron daño a la humaniad porque Borges ¿habría cambiado el mundo siquiera en un ápice?. ¿Cuál sería finalmene el balance borgiano?.
Mi hijo se sabe de memoria algunas páginas de Borges, pero también es su crítico de su posiciòn políica.

Voy a seguir colocando en mi blog, algunas artículos míos sobre personajes que he conocido que no encierran sino puntos de visa eventuales sobre tales personajes.
Ojalá encuentre lectores tan vehementemente lúcidos como Ud., a quien pueda responder y felicitar.
Gracias. Saludos.

5:51 AM  

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